Un objetivo reducción de vuelos por 12%, incluidos los vuelos de ocio de larga distancia, podrían reducir las emisiones mundiales de la aviación hasta en 50%. A través de una fiscalidad justa, reducir los vuelos frecuentes y optar por alternativas más sostenibles. En destinos más cercanos y accesibles en tren, el impacto climático puede minimizarse de forma significativa de manera específica, priorizando los viajes esenciales y evitando los vuelos innecesarios.
En 2024, los vuelos más contaminantes con salida desde Europa eran todos vuelos de larga distancia, como las rutas Londres-Nueva York o Fráncfort-Shanghái. Sin embargo, estos vuelos no están sujetos a ningún impuesto.
Los vuelos de larga distancia no solo emiten CO2, sino que también producen emisiones adicionales: las más visibles de ellas son las que forma de estelas de condensación, largas franjas nubosas. También denominadas “emisiones no CO2”, calientan el clima el doble que las emisiones de CO2. Evitar un número relativamente pequeño de vuelos de larga distancia puede tener grandes beneficios para el clima..
Fiscalidad estos vuelos en función de la distancia, como ya se hace en Países Bajos, permitiría invertir este dinero en tecnologías ecológicas, como los combustibles sostenibles para la aviación (en particular, el queroseno electrónico) y los aviones de cero emisiones. Los viajeros deberían Evite los vuelos largos innecesarios. y dar prioridad a los destinos accesibles por ferrocarril u otros medios de transporte con bajas emisiones.